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viernes, 29 de junio de 2012

TE ENAMORARÉ DE NUEVO




En algún lugar celeste

estás tú.

Veo que me miras

pero no me ves

Quizás te pierdes

entre el horizonte y el mar

Te encontraré nadando

entre las olas de ese lugar

Y allí besaré tus labios

hasta hacerte regresar.


Sentiré tu alma

Juzgaré tu olvido

Creeré en tu credo

Lamentaré el descuido

Añoraré tus ojos

Sufriré el veneno

Preveré el futuro

Veneraré lo sereno

Tomaré tus aguas

Pretenderé tus aciertos

Despojaré tus miedos

Ocuparé tus desiertos

Excitaré tus rincones

Recordaré lo olvidado

Liberaré las dudas

Evocaré el pasado

Recobraré tu sentido

Meditaré cada paso

Aceptaré tu descuido


Simplemente

te amaré,

cuando te halle

en algún lugar celeste…

Por que se que puedo,
                                   
 yo,
                                       te enamoraré de nuevo


© Ana López

Del libro "Rincones de Mujer"

jueves, 21 de junio de 2012

CUANDO ME NOMBRAS




Me hago llamar primavera
cuando recorro mi destino,
teniendo el amor en espera,
floreciendo en el camino.

Me hago llamar verano
versando al sol que nace,
besándote la mano,
poetizando nuestro enlace.

Me hago llamar otoño
cuando al fin sabes que canto,
las congojas tristes que abono,
con colores de hojas mi llanto.

Me hago llamar invierno
cuando nos cubren las nieves
convirtiendo en un infierno
cuando te vas y ya no vienes

Me hago llamar Ana
cuando de mi cuerpo haces estaciones,
cuando besándome alcanzamos la mañana
Por eso te pido;  –amor mío-
                             que no me abandones.


©Ana López
Del libro "Rincones de Mujer"
Noviembre 2011

miércoles, 20 de junio de 2012

I






Por tener tu boca, mi cielo;

te besaría.

Encerrada en tus ojos,

te miraría.

Por tu promesa de amor

te robaría.

Entonces, mi cielo

la distancia…

¿qué importaría?




©Ana López
Del Libro " Rincones de Mujer"

2011

martes, 19 de junio de 2012

HERGEST RIDGE






Camino sobre la cuerda floja, doble filo de navaja, sin miedo a caer pues bajo mis pies
se extiende el cielo.

La pértiga, la vida que le sostiene se  mece con armonías. Todo funciona con equilibrio. Todo está bien. Querías desertar del mundo y aquí te sientes seguro, abrigado por nirvana y tierra, monte y casa, puerta y sol, lluvia y calor.
Mas  allá, a lo lejos, un lobo solitario aúlla a la luna llena mientras tú danzas sobre el abismo de las aves de tu guitarra. Allá el lobo ansía la luna. No puede ser suya como tú no puedes razonar la realidad. Pero creas tu propia calma, sediento de respuestas a tus simples preguntas.
La avioneta de juguete sobrevuela tu espacio con acróbatas encantos hasta que el ocaso desciende sobre tu mundo desdibujándote como en lienzo, rojos, azules, verdes... Caen sobre ti finos cascabeles, como delicados copos de nieve y los haces danzar en tu eterno baile. ¡Qué fanfarria te mece en el cielo!

Camino sobre la cuerda floja, doble filo navaja, sin miedo a caer pues bajo mis pies
se extiende el cielo.

Así creyó el lobo que le sería fácil coger la luna. Pero no es simple juego de magia. La verdad es otra, es otra.
Y todo se rompe en Hergest. Avisan las trompetas a réquiem. ¿Tañen tus campanas a muertos? No te despistes: ¡maldito baile de inertes!
Y soplas las notas al viento, como aquella flor fusionándose con tus dudas. Y me cuentas de paz, pero no me la das. Coros me calman, pero no me sacian. Concluyes dejando el enigma.
Ese fantasma que tanto temes, aparece a diario para susurrarte al oído lo que te niegas a escuchar. Y ese miedo va a tus manos y de tus manos al bajo que gravemente habla, quiere ser escuchado. ¡Grita tu terror ante la tormenta desatada! Cientos de rayos desestabilizan el aeroplano, hacen temblar la cuerda; ¿Ves el horror en la bola de cristal? Furia desatada. Rabia desbocada.
Lloras notas de guitarra que descienden por ella, por ti, y quedan en Hergest.
Madre ha muerto.
Ahora no lo puedes ver pero en primavera florecerán las notas que regaste con tu llanto. Así es la vida, esto es la vida, así lo cantas, así lo clamas.
Pero enmudece el lobo. Abate el avión. Se parte la paz. Todo ha  quebrado en la suave campiña, añicos asonantes, desgarradores.
Camino sobre la cuerda floja, doble filo de navaja.

 Y me doy cuenta que puedo caer pues bajo mis pies observo el vacío del miedo. La pértiga que me sostiene se desequilibra, afuera hace frío, afuera hay peligro... Mas la puerta de Hergest Ridge cicatriza de un portazo, acallando la soledad, pero dejándote la inquietud.

Y caminamos en la cuerda floja, doble filo de navaja.

 Lección de existencia y muerte en la que al final nos espera la esperanza envuelta en dulce melodía, en dulce cántico.
Amanece de nuevo en tu guitarra dudosa.
En este círculo no hay respuestas.



Ana López
Marzo 2004

OMMADAWN







La lluvia vieja en los cristales, eso es Ommadawn.
La lluvia nueva que rasga tu rostro, eso es Ommadawn.

Se pierde la mirada de muchacho en el recuerdo. Es el joven triste que esboza una leve sonrisa en su reflejo. Quizás ve un día de primavera abrigada aún por el frío. Quizás el caminar sobre la fina hierba con los pies descalzos.

Pero te advierte:
que tras la lluvia llega la niebla,
que cuando te das cuenta salta el cristal en pedazos.
Que caen lágrimas, sueños y juegos,
en una soledad demasiado cercana.
¡Despierta!¡Levántate!
¿Llegaste a ser pequeño? ¿Te dejó tu corazón ser niño?
No contestas porque tus pupilas miran al horizonte buscándote.
Y quizás descubres que no eres tú.
Eso es un error, chico,
eso es Ommadawn.
Es Ommadawn.

 Sin desearlo agrandan tu pecho los suspiros de niñez, asimismo tus pesadillas.
Y le cantas a los malditos espíritus para que marchen. Y enredas  tus notas a sus pies para asustarlos. Pero sin saberlo caes en la trampa fácil, tendida para apagar tu rostro. Palideces. Amenaza el pasado. Madre grita el alumbramiento. El que reciente llega siente el helor de la vida nueva. Hay dolor en tu alma desnuda cuando clamas la oración. ¿Dónde quedó la compasión que pediste?

De la mano me llevas a los gritos de tu pesadilla, que hago mía.
Y en tus mares minimalistas me ahogo
para después sufrir el desgarro del nacimiento.
Lo advierten los timbales,
no va a ser fácil, no va a ser fácil.
Cantan los coros mitigando el llanto.
Cantan Ommadawn.
Ahora ya estás en la vida. Sabes que amanece de nuevo
y con el sol aparecen las esperanzas.
Tal vez algún día comprendas lo que te ocurre.
Mientras me regalas una nana para dormir el mundo de los sueños un momento,
tan sólo un momento.
Pero abre tus manos
y ve en ellas relucir la savia.
Háblame de ella...
Cuéntame de Ommadawn.


Ana López
Diciembre 2003, arreglos Marzo 2005

domingo, 17 de junio de 2012

II




En el quebrado del árbol
ahí estás tú
en sus cepas; en sus hojas
ahí estás tú

En el río que divierte y revierte
en el cielo de lanas hirientes
-al ocaso-
en la mirada del niño curioso
en aquel océano furioso
ahí estás tú

Por los caminos soleados
por los grandes prados,
donde cantan colores mariposas
donde nacen las rosas
ahí estás tú

Hasta en el silencio
en el tejido recio
que crea la vida
entre sus hilos anidas
ahí estás tú
porque tú eres Todo
En Todo, amor mío, te llamas
tu nombre se repite en mi alma
-para siempre-

©Ana López
Del libro "Rincones de MUjer"

jueves, 14 de junio de 2012

VIII






Siento el aliento

tan tuyo, tan cerca,

que quisiera:

culminarme en tus espacios

con suspiros de tu piel.

Susurrar un “te quiero”

(¿dije querer?)

Conquistar tus sueños

y ante ti ceder

con la entrega absoluta

 al otoño, el atardecer…

Y atender tu reclamo



No,
            
  yo dije te amo.



©Ana López
Del libro "rincones de Mujer"

martes, 5 de junio de 2012

EL SILENCIO DE UN AMOR PROHIBIDO





Tú piensas…

Para qué sirve la vida si no puedo vivirla a tu lado
para qué me sirve la vista si apenas puedo mirarte
para qué el silencio si me duele estar callado
para qué el amor si me está prohibido amarte

Para qué el cielo si no puedo volarlo contigo
para qué sirve el deseo si me obligo a no desearte
para qué sirven los besos si besarte no consigo
para qué sirve el amor, si yo, yo no puedo amarte



Yo susurro…

¡Oh! para no morir porque tú estás
y si no ves no percibirás de mis ojos el calor
-cuando te mire sólo a ti-
Duele el silencio si no lo escuchas con amor
y el amor no nos dejará caer al vacío jamás.

El cielo volaremos sin alas, sabios
para dar servicio tu deseo a mi aliento
vuelan tus besos y se posan en mis labios
y la pasión nos salva, amor mío no miento.



Piénsame que yo te susurro
a la inolvidable noche yo recurro
y aquella en la que te sientas cohibido
escucha el silencio del amor prohibido

Todo sirve si no me olvidas /todo vale si me recuerdas.

CHOCOLATE






No puedo describir con pericia,
la enorme delicia
que es derretirte en mi boca…
desnudarte de esa envoltura ¡queda poca!
te cubre, envuelve artificial
¡qué bello estás al natural!
y ante mis mordiscos, impetuosa
 -pequeños,
 para no herirte demasiado-
 te vences y te dejas caer sobre mi lengua deseosa,


detonando,
tu sabor dulce con tono de amargo
- perfecto-

Y se deshace de forma lujuriosa,
yo estallo de placer, ansiosa:
sin pensar ni razonar;
y con un calor espectacular.

Pero tiembla mi cuerpo
-al tiempo-
que mi mano se desliza juguetona,
con los ojos cerrados en la encerrona,
del éxtasis.

Despejo mis pechos de ropa, mis dedos corren,
mientras mis labios continúan besando el polen,
que dejas en ellos por tu paso
con deleite, tu rastro.
Y siento mis mares actuando,
y siento mi corazón palpitando;
y siento el calor del fuego cuidado
con el que forma te han dado.

Y necesito más, ¡necesito más!

Me despojo lentamente de la falda
- me molesta-
ante tanta pasión, mucho tarda.
Ya mis dedos juguetean con mi ropa interior…
 ya no puedo más, es superior,
 entonces abro los ojos para mirarte…


¡y no estás!


¡vacío!

.
.

¡¡se acabo el chocolate!!



©Ana López
Del libro Roncones de Mujer